miércoles, diciembre 28, 2005

Del Zen

Hoy voy a hablaros del Zen.



Y esto es todo cuanto tengo que decir del Zen.

martes, diciembre 27, 2005

Amores y odios hacia la Navidad.

Existen, sin duda. Muchas de las personas que conozco se polarizan más o menos con respecto a las fiestas navideñas, cada uno con sus razones. Algunas incluso dicen que les da igual, que para ellos la diferencia es que hace más frío, que ponen lucecitas en las calles y que los comercios están hasta arriba. Yo, como fiel miembro de este rebaño, no voy a ser menos: a mí me gusta la Navidad.

De pequeño pensaba que la navidad era algo maravilloso; esto por varias razones: por los regalos (benditos regalos, todos envueltos en preciosos papeles de colores), por el árbol lleno de bolas y guirnaldas, por el belén que solíamos montar en casa, con sus figuras espolvoreadas con spray blanco como si fuese nieve y su río de papel de plata en el que se reflejan. Pensaba que lo era por la visita del Rey Baltasar (mi padre que, disfrazado con una toga y un turbante, entraba en la penumbra y con voz profunda nos perguntaba a mi hermana y a mí si habíamos sido buenos), por las vacaciones del colegio, por ver en la tele Disneylandia (¿os acordais de ese entrañable especial de navidad de Walt Disney?) o por el turrón.

Conforme he ido creciendo he ido viendo que ese sentimiento volvía un año y otro y otro, a pesar de que el número de regalos se ha ido reduciento, de que en mi casa ya no hay árbol ni belén, de que Baltasar ya no viene a visitarme la noche del día seis de Enero, de que ya no tengo tantas vacaciones como antes, de que el 1880 sigue siendo el turrón más caro pero ya no es el mejor ni de lejos, y de que ya no tengo televisión en la que ver Disneylandia.

El otro día me preguntaba sobre esto mientras hablaba sobre la navidad con unos compañeros del curro. Y creo que, a pesar de que todo haya cambiado, los regalos, la tele, toda la parafernalia que acompaña a estas fiestas, hay una cosa que no ha cambiado: la ilusión.

Sí, para mí la navidad es un tiempo de ilusión y de esperanza. Se revive en mí cada año espectante, llameante y viva. Sin cargas religiosas ni morales de ningún tipo, sin caros trajes ni joyas ni teléfono movil, sino desnuda y bella como es, como una dulce hada que me hace sentir niño de nuevo, así viene la navidad para mí. Hasta el nombre me parece hermoso: Navidad.

Y así, sin paranoias mentales ni sesudas elucubraciones para tratar de explicar esto, termino este post. No tiene explicación ni razones, o si las tiene no me importan lo más mínimo. Dicho queda.

Feliz Navidad, amigos míos.

martes, diciembre 13, 2005

Hipnosis

¿Podría una persona hipnotizada ser consciente de que lo está?
¿Cómo?

Estas dos preguntas, que me rondan ahora mismo por la cabeza, encierran en sí un gran misterio: ni más ni menos que el origen de la propia mente humana, el Yo.

Ocurre, por desgracia, que cuando me pongo a hablar de la mente, tanto en particular como en general, me doy cuenta a los pocos segundos de que estoy intentando algo similar a describir la fachada de una casa de la cual no he salido nunca mientras estoy sentado en el salón. Mirando por la ventana puedo describir las fachadas de las casas que están a mi alrededor, pero no sus salones. Mi visión es muy limitada desde aquí.

Esto en sí es algo que se me antoja dramático porque de alguna manera estoy prisionero en este reducto al que llamo Yo, en esta unipersonal casa mía, desde cuyo salón escribo. A través de las ventanas de la pared veo algo que, probablemente, es el aire libre. Me han enseñado que "eso" es el aire libre; todo lo que no es la casa es "el resto", "fuera", "el mundo", y tantos otros conceptos que sirven para encuadrar la casa en un lugar y que no penda suspendida en el vacío.

Hay una fábula china (que a lo mejor es un cuento chino, no lo niego), cuyo mensaje es que los seres humanos no estamos sentados en ningún salón ni prisioneros de nada, sino que estamos fuera de nuestras casas; que todo es una ilusión y que el cielo está esperando que remontemos el vuelo y vayamos tan lejos como queramos; que, en contra de toda experiencia previa, el ganso nunca ha estado dentro de la botella.

Este sí es un hermoso sueño. O acaso tal vez ahora mismo el que está soñando soy yo. No lo sé.
El caso es que ahora mismo recorro los innumerables pasillos de mi particular mansión, buscando una salida. No me han dado los planos.
Me apetece tomar el fresco y sentir el sol y el aire; el de aquí dentro es siempre el mismo y no hay demasiada luz.

viernes, diciembre 09, 2005

Impresionante...

... la entrada que ha puesto Hirunatan en su blog "El Ciudadado".
Recomiento encarecidamente una detenida lectura.

De la facultad de alcanzar el firmamento y otras cuestiones.

Hace poco tiempo alguien me dijo, en respuesta a una frase mía en la que aparecían las palabras "firmamento inalcanzable", que el firmamento es alcanzable desde hace unos cuantos años.

Pensaba sobre eso y opinaba que el firmamento era inalcanzable de por sí, sin importar cuánto avanzase la tecnología. El propio concepto de firmamento implicaba lejanía para mí.

Firmamento: (Del lat. firmamentum). 1. m. Bóveda celeste en que están aparentemente los astros.

Se me ocurría que un viajero espacial solamente puede estar en un punto del espacio en un momento determinado. Y que, sin importar lo lejano que pudiera estar ese punto, siempre habría una bóveda celeste a su alrededor. Viajaría, viajaría deprisa, pero siempre estaría a la misma distancia de la bóveda llena de estrellas y galaxias. Pasaría algo parecido a lo que ocurre con el horizonte, el cual siempre se halla a la misma distancia sin importar cuánto ni lo rápido que se viaje. Ergo, es inalcanzable.

Caramba, es algo evidente. ¿O tal vez no?

Luego me puse a pensar y llegué a la conclusión de que ambas afirmaciones son falsas. O mejor dicho, que el propio objeto observado invalida el concepto de distancia, con lo cual no ha lugar hablar de lo alcanzable o inalcanzable que es ese objeto.

El firmamento y el horizonte, ambos son imágenes que ha creado el ser humano con unas funciones determinadas. Y no hablo de grupos de fotones rebotando contra las superficies, alcanzando el area sensible de la retina y conformando un conjunto ordenado de puntos que nuestro cerebro interpreta, sino de una forma de entendimiento que incluye una nueva dimensión más allá del propio objeto, de una abstracción en definitiva.

El firmamento es lo que queda "por encima" de nosotros. Ese "por encima" incluye trillones de objetos, posiblemente incluso otros mundos similares al nuestro. ¿Cómo es posible pues englobarlos todos en un sólo objeto? ¿Cómo es posible conseguir que algo tan inconmensurable como el universo, donde las distancias son inimaginablemente grandes, se ponga al servicio de la mente humana y sea manejable? Probablemente la respuesta sea crear un concepto para el que la distancia sea algo irrelevante.

Dicho esto, es curioso que el concepto de firmamento sea anterior a los viajes espaciales, a los telescopios, a la astrofísica y a los cohetes. Es extraño que, antes de saber de la existencia de los quásares, las galaxias, los cúmulos estelares y los cometas, el ser humano haya podido construir la palabra firmamento. El ser humano es grande; y la imaginación humana lo es mucho más.

Pero no, no creo que haya razón alguna para decir que el firmamento está al alcance de la mano o fuera del alcance de cualquier nave. El firmamento es algo más que las constelaciones, las novas, los cúmulos y la vía láctea; es más que los púlsares, que las nubes de gas y polvo, que los cometas y los asteroides; más que las galaxias y los planetas. Representa aquello que, más que desconocido, es incognoscible. Lo que está por encima. Y me temo que, siempre que haya un punto de observación, habrá un "por encima".

Es por eso que afirmo que hay cosas que no se pueden conocer y/o alcanzar: porque de base están más allá del conocimiento o de la distancia. Pero al mismo tiempo esas cosas son conocidas y al alcance de la mano, porque las hemos creado nosotros.

Porque están aquí, a nuestro lado, cada vez que miramos hacia el firmamento, o hacia el horizonte.

lunes, diciembre 05, 2005

Y hablando de historias...

... es fascinante asistir a ciertos debates. Empiezo a entender ligeramente la pasión que tienen algunas personas (frikis por demás) por la discusión, sin que les importe (aparentemente) llegar a alguna parte. Más en el blog de Imperator.